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Teatro Adolfo Mejía

Más de 28 años les tomó a líderes políticos, intelectuales, artesanales y empresariales construir este recinto donde la cultura y el debate de las ideas eran los objetivos principales. ¿Quién no se admira con su bella fachada y su majestuoso interior? Es una joya del Caribe y un símbolo de Cartagena. Además, un pilar clave en la construcción de la República. Su autor, el artista cartagenero Luis Felipe Jaspe, fue quien construyó la mayoría de las obras civiles republicanas de la ciudad.

Jaspe se encargó de “Ensamblar la República” a través de la arquitectura, el paisajismo, el urbanismo y la pintura. Fue un artista querido y admirado por la Sociedad de Artesanos, por los líderes políticos y por los empresarios. Otra de sus obras, la Torre del Reloj, es el potente símbolo con el que se representa y reconoce a Cartagena en la actualidad.

Ensamblar la República fue una tarea primordial durante el renacer de la ciudad, cuando comienza a salir del estancamiento económico en el que se sumió durante casi todo el siglo XIX luego del Sitio de Morillo de 1815. Jaspe desarrolló un lenguaje arquitectónico propio, cartagenero, caribe, que dialogaba con la ciudad colonial y se ensambló en ella, a tal punto que es imperceptible.

El Teatro es un perfecto ejemplo de esta ´arquitectura de ensamble´

Construido sobre la antigua iglesia de la Merced, que hacía 80 años habían abandonado los mercedarios. En esta obra casi 3 siglos separan a los dos estilos arquitectónicos, el colonial y el republicano.

Jaspe además nos muestra una Cartagena que formaba parte del Caribe como universo cultural y geográfico. Los únicos estudios artísticos que realizó fueron en Martinica, por un año largo, en el École de Beaux Arts. Cuando por fin en 1905 se logra la firma del contrato ya existía el gran teatro Colón de Bogotá, sin embargo, los promotores del proyecto envían a Jaspe a conocer El Tacón de la Habana. Cartagena debía tener su Teatro Caribe.

Construir el Teatro hoy Adolfo Mejía fue toda una hazaña que se logró gracias a la unión entre los sectores políticos, intelectuales, artesanales y empresariales.

La primera vicisitud fueron las constantes guerras civiles. En el 85 Gaitán Obeso sitió a Cartagena, luego las guerras del 95 y de los Mil Días a finales de siglo. También las diferentes interrupciones por la actividad política de Núñez, como la redacción de la Constitución del 86 y luego su muerte en el 94. Este gran impulsor de la iniciativa había nacido en la calle del Coliseo, al lado de un recinto que servía para presentar obras teatrales y al cual los asistentes debían llevar sus propias sillas. El espacio había sido decorado por Jaspe.

Otra de las vicisitudes fue la presupuestal, como hoy, el Teatro Adolfo Mejía era el último de la fila. Y luego el gran reto tecnológico que fue ensamblar en una iglesia de tres naves un teatro de un solo espacio. Los cartageneros tenemos un vínculo emocional con este Teatro, escenario de buenos recuerdos y anécdotas caribeñas. Una magnífica obra que perdura en el tiempo para recordarnos que la unión entre los diversos sectores de la sociedad tiene excelentes resultados.

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