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¿Para qué el Camellón?

La Torre del Reloj es hoy el símbolo con el que identificamos a Cartagena. Durante muchos años ese lugar lo ocupó la garita, pero con la garita la ciudad podía confundirse con San Juan de Puerto Rico. La Torre, en cambio, no tiene comparación posible: no existe otra igual, republicana, levantada sobre una muralla colonial.

Más que un monumento, la Torre es una puerta que abre un espacio urbano muy particular dentro del centro amurallado. Ese espacio ha cobrado enorme interés y hoy sirve de escenario para toda clase de actividades, en especial el Camellón de los Mártires. El interés es una oportunidad: si quienes habitamos la ciudad conocemos por qué se construyó, qué representaba y cuál fue su significado original, podremos darle también uno nuevo, contemporáneo, e integrar su valor patrimonial a lo que allí ocurre hoy.

‘La Sala de Cartagena’

Cuando el artista cartagenero Luis Felipe Jaspe terminó cada una de las piezas que componen este conjunto, el lugar se convirtió en punto de encuentro y de reunión: al caer la tarde, los habitantes caminaban por allí para recibir la brisa del mar. Hace un siglo ese uso le valió el sobrenombre de ‘La Sala de Cartagena’.

El conjunto lo formaban el Mercado Municipal (1904, hoy Centro de Convenciones), el Camellón de los Mártires (1886), el Parque Centenario (1911) y la Torre del Reloj (1888). Con ellos, el centro de gravedad de la ciudad amurallada se desplazó de la Plaza Mayor —hoy Parque de Bolívar— hacia el Camellón, y se facilitó una integración espacial y social entre los barrios del Centro, Getsemaní y la Bahía.

Cuando Jaspe terminó cada una de las piezas de este conjunto, el lugar se convirtió en sitio de encuentro: al final de la tarde, los habitantes caminaban por allí para disfrutar la brisa marina.

Un lugar sagrado

El Camellón se construyó como un lugar sagrado. Se podría decir que todos los cartageneros tenemos un antepasado que murió o que huyó durante el fatídico Sitio de 1815; de ese episodio viene el apodo de ‘La Heroica’. Para recordar a los patriotas se levantó el Camellón: son diez bustos que evocan a los nueve fusilados por Pablo Morillo el 24 de febrero de 1816, pero que representan a los cientos de mártires sacrificados en las más diversas circunstancias.

Allí está también ‘la Noli’, que simboliza el papel de la mujer en la lucha independentista y personifica la libertad. Noli me tangere: no me toques. Pocas veces ese monumento ha estado tan vigente como hoy: ni las mujeres ni la libertad se pueden tocar.

Patrimonio con contenido

Integrar este patrimonio y su significado a los eventos que hoy se realizan allí es una oportunidad para promover su cuidado, fortalecer la ciudadanía y mejorar la marca del centro histórico como destino turístico con contenido cultural. Cartagena es una ciudad rica en arte y arquitectura, y sus autores fueron cartageneros: Jaspe, Caballero, Acosta y tantos otros artistas y maestros artesanos. Vale la pena difundir esa historia, generar un vínculo emocional con el recinto amurallado y ampliar el orgullo de ciudad.

La historia, además, entrega contenido a quienes visitan Cartagena y quieren entender de qué se trata la belleza que admiran en calles y plazas: le da significado al escenario que contemplan. El IPCC lanzó una iniciativa que apunta en esa dirección; vale la pena apoyarla y ampliar su impacto a los eventos que se realizan en espacios patrimoniales. Contemos que fueron obra de cartageneros, porque somos protagonistas talentosos, y nuestro símbolo actual, la Torre del Reloj, es la mejor muestra de ello.

Texto adaptado del artículo de Juan Carlos Lecompte, arquitecto y director de la Fundación La Cartagena de Jaspe, publicado originalmente en Contexto Media.

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